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23 de diciembre de 2009

UNA MIRADA DEL 2009 Y LOS RETOS QUE VIENEN



Por Luís Gárate 22-12-09
Dirigente JotaCé - Patria Roja


Una rápida mirada del año que termina lleva la marca de la crisis capitalista, pasando por los avances y golpes en los procesos latinoamericanos, hasta la ofensiva neoliberal aprista en el Perú, nos llevan a valorar más la necesidad de nuevas articulaciones, la unidad y la renovación de las fuerzas revolucionarias en el mundo y en el país.

V Internacional y el movimiento comunista internacional

Ante la crisis del capitalismo en su versión especulativa, expresada en la caída de las bolsas y la bancarrota de miles de corporaciones, los estados capitalistas respondieron con el rescate de los bancos y el cuestionamiento de sus paradigmas neoliberales.

En este contexto, la convocatoria por parte del comandante Hugo Chávez, líder de la Revolución Bolivariana, a la conformación de una V Internacional que agrupe a las fuerzas socialistas y de izquierda del mundo, pone en la picota un tema de gran relevancia: el nivel de coordinación de las fuerzas revolucionarias que hace muchas décadas dejaron de tener un espacio de articulación mundial.

Si bien existen estados como Cuba, Vietnam y China popular que reivindican el socialismo, y se realizan diversos encuentros como el Foro de Sao Paulo y otros espacios eventuales, no se han replicado movimientos de la resonancia que alcanzaron las primeras internacionales de los trabajadores, la I Internacional Socialista ni la Internacional Comunista (la III).
Como señalan varios autores que hacen hincapié en la dimensión internacionalista del marxismo, como Carlos Tovar “Carlín”*, hoy más que nunca es indispensable una mayor articulación mundial de la lucha de los trabajadores y las fuerzas socialistas para darle otra orientación a la globalización que ha sido impulsada por los gigantescos avances tecnológicos de las fuerzas productivas del capitalismo.

La crisis capitalista reta a las fuerzas revolucionarias a adoptar medidas de reorganización en la acción ideológica y política. En este sentido la convocatoria de Chávez resulta muy oportuna, más allá de tener sus matices y de abarcar a fuerzas muy variadas que han pasado tanto por la experiencia armada como por virajes reformistas. Asimismo la crisis supone un reto al movimiento comunista internacional, que hoy se encuentra fragmentado por las divisiones del pasado, muchas de las cuales deberían revisarse a la luz de las experiencias del “socialismo real” y la hegemonía neoliberal.

La V internacional, o cualquiera que sea el nombre que adopte, debería ser un espacio de encuentro y articulación de las fuerzas socialistas, comunistas y de la izquierda revolucionaria que coincidan en principios esenciales como el relanzar la lucha mundial de los trabajadores para derrotar al neoliberalismo y empezar a revertir la correlación ideológica, política y social de fuerzas mundiales. Entre algunas cosas, debe evitarse caer en el seguidismo a los gobiernos y las fuerzas políticas convocantes, y evitar el anteponer los clichés y supuestos vanguardismos iluminados por lecturas correctas de la teoría.

El reto climático tras Copenhague

Otra gran reto que hemos visto este año y que tuvo su clímax en la reciente cumbre de Copenhague es cómo enfrentar la falta de voluntad de las grandes potencias capitalistas para adoptar medidas de reducción de gases de efecto invernadero y de políticas de mitigación frente al calentamiento global.

Queda entonces claro que ante las alarmantes cifras y los crecientes efectos adversos que traen los fenómenos climáticos a los pueblos, es necesario reforzar un bloque de países en desarrollo que, como hizo el ALBA en la cumbre, tenga posiciones más firmes y crezca así la respuesta mundial en este tema.

Perspectivas de los procesos latinoamericanos

Este ha sido un año de avances, pruebas y reveces para los procesos de cambio en la región. La contundente reelección de Evo Morales en Bolivia, la elección de Pepe Mujica en el Uruguay, la fortaleza del gobierno de Lula en Brasil, los avances en los procesos de integración como el ALBA, encabezado por Venezuela y Cuba, son las principales muestras de los avances del cambio.

Sin embargo hubo también errores como la represión de los movimientos populares ecuatorianos por el gobierno de Rafael Correa. También duros reveces como el golpe de estado oligárquico en Honduras que derrocó al progresista Manuel Zelaya, la instalación de bases militares norteamericanas en Colombia, y la posibilidad de que la derecha pinochetista gobierne en Chile, que conforman las principales amenazas para nuestra región. Todo esto nos muestra que el imperialismo no escatima esfuerzos en articular una contraofensiva para recuperar su hegemonía.

En el Perú, las perspectivas de la izquierda y los comunistas

Hemos asistido a la radicalización neoliberal de Alan García y el Apra, expresada en “la doctrina” del perro del hortelano, que supuso llegar a extremos como la sanguinaria represión del movimiento indígena en Bagua que se levantó contra la ofensiva lotizadora en la amazonía.

Mientras tanto los procesos unitarios en el Perú han tenido algunos traspiés. Si bien se avanzó en espacios como la Coordinadora Política Social, la Asamblea de los Pueblos y recientemente en Lima para todos, la unidad entre el Partido Nacionalista y las fuerzas de izquierda parece desdibujarse ante los vaivenes de Ollanta Humala y la aparición de nuevas candidaturas como la del padre Marco Arana y su movimiento Tierra y Libertad.

La cercanía de los comicios regionales y municipales, seguido de las elecciones generales, ha puesto en carrera a muchos caudillos y movimientos, y según revelan algunas cifras quienes más se perfilarían son las figuras del “centro” y la derecha, representadas por Luis Castañeda y Keiko Fujimori.

En este escenario los comunistas de Patria Roja han hecho importantes esfuerzos unitarios, mientras se preparan para la reinscripción del Movimiento Nueva Izquierda.

La reciente realización del II Congreso de la Juventud Comunista y la proximidad del VIII Congreso del PC del P- Patria Roja, son hitos muy importantes que deberían confluir hacia la unificación de la izquierda y los comunistas peruanos, la renovación de liderazgos y un trabajo de cara a los problemas más acuciantes del pueblo.

En especial el trabajo de la juventud debería apuntar a discutir la organización de los jóvenes profesionales, mejorar la formación política y, en algunos casos enfrentar trabas como la errada ideologización que no aplica creadoramente el marxismo-leninismo a los problemas reales. Temas como la precariedad del trabajo, el reto ambiental, el problema del narcotráfico y la drogadicción, la violencia juvenil, la mejora de la calidad de la educación escolar y superior, entre otros, deben tener un claro diagnóstico y propuestas programáticas bien sustentadas para enfrentarlos.

Considerando los elementos expuestos, queda claro el 2009 nos deja un contexto global de crisis donde se abren grandes oportunidades y amenazas, mientras en la región hay avances antiimperialistas que necesitan consolidarse, y en el país entramos a un periodo electoral en el que las fuerzas de izquierda y comunistas deberán tener una capacidad creativa y proyección histórica para no quedar nuevamente postergadas y poder asumir un papel gravitante en los cambios que requiere nuestra patria.

* Ver el “Manifiesto del siglo XXI: la gran fisura mundial y cómo revertirla”, Fondo Editorial, UNMSM, 2006.

21 de diciembre de 2009

Exitoso II Congreso Nacional de la JotaCé - Patria Roja











¡ALEGRES REBELDES Y COMBATIVOS POR LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO!

5 de noviembre de 2009

izquierda, unidad y renovación

Izquierda Unida: 20 años atrásJustificar a ambos ladosPor Antonio Zapata
tío frejolito

En 1989 se dividió Izquierda Unida y comenzaron sus desastres electorales. Sin embargo, en la contienda anterior a su ruptura, las municipales de 1986, la IU había obtenido un tercio del voto y algo más de cincuenta alcaldías provinciales. No obstante perder Lima, esas municipales fueron el mejor resultado histórico de las izquierdas, habiendo tejido una red nacional de autoridades locales que presagiaban nuevos triunfos hasta alcanzar la presidencia. ¿Qué ocurrió? ¿Cómo se desmoronó la izquierda y por qué no ha vuelto a recuperarse?

La Izquierda Unida nació de la derrota en las presidenciales de 1980, cuando la división en cinco candidaturas izquierdistas mermó notablemente el caudal electoral obtenido en la constituyente de 1978. Hubo una autocrítica limitada, no se superó la desconfianza y los partidos de izquierda formaron una coalición laxa, que permitía la continuidad de las partes. El acuerdo era para candidatear juntos, pero cada uno mantuvo su coto de caza en sus respectivas áreas de influencia social. Es más, en sentido estricto, tampoco se competía juntos, porque el voto preferencial permitía que cada partido se preocupara sólo de sus propios candidatos, con notable prescindencia del frente.

Así, la unidad de las izquierdas era una ficción, cada grupo seguía buscando su propio liderazgo. Por otro lado, con Alfonso Barrantes a la cabeza, algunos habían asumido la democracia, mientras que el resto continuaba en la ilusión y pasión revolucionaria. Las tensiones internas fueron fuertes y se agudizaron con el triunfo de Alan García en 1985. Barrantes creyó indispensable un entendimiento con el APRA y trató de empujar al entonces joven presidente hacia la izquierda. Por su lado, el ala radical prefirió un perfil de neto opositor. Como resultado, los líderes izquierdistas se anularon unos a otros; aparecían como figuras rivales con proyectos distintos.

La coalición se desmoronó cuando no pudo enfrentar el desafío de la lucha armada. Sendero sorprendió e inicialmente la izquierda negó los hechos. Pero, luego tuvo que asumir. Era evidente que SL estaba batiendo el campo, asesinando autoridades y dirigentes entre los que se encontraban algunos izquierdistas.

Pronto hubo un foso de sangre. Pero Sendero obligó a militarizar el país y las FFAA no comprendieron las diferencias entre comunistas. Les pareció que IU era el brazo legal de Sendero. En consecuencia, el ambiente se enrareció notablemente y se comprimió la legalidad. La IU acabó atrapada entre dos contendientes mayores que la trituraban.

La situación terminó de complicarse con el ingreso del MRTA a la lucha armada. Ahora no era un pariente lejano y despreciado, sino los queridos primos hermanos. Su lucha obligó a la ambigüedad. No se los podía condenar del todo, menos con un ejército que amenazaba con tragarse vivos a quienes actuaban en democracia.

Por otro lado, las izquierdas no comprendimos el cambio de sentido común. La gente dejó de creer en el Estado como solución y más bien lo identificó con la raíz del problema. Estaba triunfando el liberalismo y las izquierdas reiteramos un discurso estatista, sin sentido para las nuevas juventudes. Finalmente, quedamos asociados al Estado y a la lucha armada por conseguirlo.

Por el contrario, la gente aspiraba a menos Estado y rechazaba la violencia. La consecuencia fue el derrumbe electoral de una coalición que solo existía para las urnas. No se recupera porque los líderes izquierdistas no procesaron una autocrítica razonable ni tampoco emprendieron una renovación generacional.

14 de octubre de 2009

¿Izquierda suicida?

LOS LEMMINGS
Por Nelson Manrrique


Los lemmings son pequeños roedores programados genéticamente para marchar en una sola dirección, que terminan suicidándose en masa, así que su inexorable ruta termina en el océano. Son, al mismo tiempo, una buena metáfora de la izquierda peruana.

Desde que en las elecciones para la Constituyente de 1978 los representantes de izquierda entraron en el mapa político electoral, con un 36% de la votación general, la realidad ha mostrado una y otra vez que cuando la izquierda logra unificarse obtiene un significativo respaldo popular mientras que cuando va dividida invariablemente enfrenta un desastre.

Durante un tiempo pesaron en la vocación por el fraccionamiento los alineamientos ideológicos con los “faros” internacionales –los “moscovitas” con la URSS, los “pequineses” con la China, los trotskistas con alguna de las Internacionales de esa filiación–.

Sucedió en 1980, cuando la Alianza Revolucionaria de Izquierda-ARI, que llevaba como candidatos a la presidencia y la vicepresidencia a Hugo Blanco y a Alfonso Barrantes, fue despedazada a 24 horas del cierre de inscripciones por los trotskistas y los pequineses. El resultado fue una catástrofe electoral que obligó a rectificar rumbos. De esa experiencia surgió Izquierda Unida, la izquierda legal más poderosa del continente, que en 1983 logró llevar a Alfonso Barrantes a la alcaldía de Lima, en lo que constituyó su mejor momento, y que con el mismo candidato alcanzó el segundo puesto en las elecciones presidenciales de 1985.

Durante los años siguientes, en medio de la gran crisis del primer gobierno aprista y de la ofensiva senderista, crecieron las fuerzas centrífugas. La izquierda, nuevamente dividida, fue derrotada sin atenuantes en las elecciones de 1990. Todos los intentos que se sucedieron después por reconstituir la unidad fracasaron, al mismo tiempo que los liderazgos iban envejeciendo sin encarar seriamente un intento de renovación generacional. El resultado ha sido una izquierda incapaz de renovarse y cada vez más aislada. Como profesor universitario compruebo cada semestre que la brecha entre la izquierda y la juventud se profundiza más y más. Por otra parte, la derecha ha tenido un gran éxito en vender a los jóvenes la idea de que izquierda es sinónimo de terrorismo.

Luego de la caída del muro de Berlín, los diferencias ideológicas que justificaban las divisiones fueron perdiendo progresivamente peso, de allí que en el año 2006 pudiera presentarse una alianza electoral –antes impensable–- entre el PC Unidad y Patria Roja (moscovitas y pequineses, respectivamente, para usar la vieja nomenclatura), que, a pesar de tener detrás a dos de las organizaciones sindicales más poderosas del país (la CGTP y el SUTEP), alcanzó apenas un 0.2% de los votos. No fueron los únicos a los que les fue mal: la lista de izquierda que pudo alardear de haber alcanzado la mayor votación llegó al 0.6%.

No parece que esto haya dejado alguna lección, como lo muestra la renuncia de una treintena de militantes del Partido Socialista, integrantes varios de ellos de su dirección nacional. Los renunciantes aluden esencialmente a la necesidad de una renovación, lo que está muy bien, pero no señalan ninguna discrepancia concreta con aquellos con quienes rompen que haría imposible marchar juntos. Aunque proclaman que van a convertirse en “un espacio de coordinación política transitoria” su acercamiento a la organización del padre Marcos Arana alimenta un clima que no favorece ni a Tierra y Libertad, ni al PS, ni a ellos mismos. Se trata de una de esas divisiones en la que todo el mundo pierde.

Aparentemente los líderes siguen apostando a su capacidad personal de arrastre; siempre existirá el análisis oportuno que alimente sus ilusiones. Una lástima por quienes apoyamos a la izquierda, como un proyecto de cambio, que sólo será viable si existe la entereza para salir de las capillas, pensando en todo lo que la realidad de hoy exige de trabajo en común, en lugar de poner por delante nuestras pequeñas diferencias.

6 de abril de 2009

La necesaria atención al pragmatismo en los sectores populares

ENFRENTANDO LA ESTRATEGIA FUJIMORISTA

Por Luis Gárate 05-04-09





Se acerca el día de la sentencia al ex dictador Alberto Fujimori y al margen de los resultados, que esperaríamos sean condenatorios por las proporción de sus crímenes, el proceso ha servido para poner en la palestra las estrategias que usan sus herederos para mantener viva y apuntalar la imagen del fujimorismo.

Desde el comienzo y en particular en la última etapa del juicio, Fujmori usó la sala como plataforma política y así pregonar su inocencia y la “justeza” de todo su accionar, aduciendo que fue el “pacificador” del país, benefactor de los pobres y que desconocía el accionar de su socio Montesinos y de los comandos militares de aniquilación.

Mientras tanto la bancada fujimorista y la muy publicitada hija Keiko tampoco perdieron ninguna oportunidad para politizar el proceso, declarar y hacer del juicio una suerte de show mediático para acusar de parcialidad a la fiscalía, lo procuradores y a los medios de comunicación.

Lo más grave de todo, en primer lugar, es que la dirigencia aprista empezando por el mismo Alan García, se han convertido en el principal aliado de la mafia fujimorista, ya que la avalan a través de los dos vicepresidentes (Giampietri y Mendoza) y los entuertos que permiten lograr mayorías en el congreso.

Lo segundo es que este respaldo gubernamental le da un manto de impunidad a diferentes segmentos de los grupos de poder que estuvieron y están vinculados al fujimorismo, pasando por sectores militares fascistas, de funcionarios públicos y del gran empresariado.

Se trata de varios aspectos en los que coinciden la dirigencia aprista y el fujimorismo, donde se encuentran sus intereses en mantener el modelo neoliberal y de enterrar los casos de corrupción y de violaciones a los derechos humanos. Ahí están sus coincidencias a la hora de difamar a la Comisión de la Verdad.

En tercer lugar, no podemos dudar que a pesar de las enorme dimensión de la corrupción y de envilecimiento del poder que provocó el fujimorismo, hay importantes segmentos de la población que añoran la ”mano dura” y el despliegue de obras del que se preciaba el régimen fujimorista.

Es este último aspecto al que más atención debemos prestar desde las filas de izquierda, pues sin un adecuado esclarecimiento y nueva vinculación con los sectores populares que fueron ganados por el asistencialismo fujimorista, será difícil revertir el pragmatismo que cunde en los segmentos populares de Lima y otras zonas urbanas.

Siguiendo a Erich Fromm en El miedo a la libertad al describir el surgimiento del fascismo en Alemania, podríamos decir que fujimorismo más que una ideología, es un estilo que pudo sintonizar con las reacciones de la clases medias empobrecidas que estaban atemorizadas por la violencia política de los 80 y a la vez, estaban ansiosas de soluciones “radicales“ ante el descalabro económico aprista.

Mientras el empresariado y los militares acogieron a Fujimori como conductor del programa neoliberal, el régimen manejaba los necesidades de los crecientes bolsones de pobreza a partir del despliegue de la asistencia alimentaria y de obras como servicio de electrificación, agua potable, pistas y colegios, entre otros.

Estos sectores pobres son ahora el objetivo en disputa entre los herederos del fujimorismo que levantan la figura de Keiko, la manipulación de la maquinaria aprista y las aspiraciones presidenciales de Luis Castañeda con sus redes municipales.

Si aspiramos a ser parte del un amplio bloque popular del cambio, debemos afinar las estrategias para afrontar la campaña aprofujimorista del olvido, la impunidad y el pragmatismo, dándole sentido político a las necesidades y demandas sociales y creando nuevos referentes de liderazgo público. Esas carencias izquierdistas se expresan en la falta de referentes de opinión y el alejamiento de los sectores populares, de los trabajadores, en particular de los jóvenes.

Podríamos empezar por adoptar iniciativas inmediatas, por ejemplo, para superar trabas serias como el burocratismo y algunas disputas que empequeñecen nuestra acción política. De no tomar medidas, podríamos ser nuevamente avasallados -en la ciudad capital y zonas urbanas- por la millonaria campaña mediática y la estrategia de manipulación y despolitización del fujimorismo, el Apra y la derecha.

*Periodista y militante de la JotaCé- Patria Roja

30 de agosto de 2008

El Dato Clave

EL 1,4%

De toda la información que se ha extraído de la encuesta que viene publicado el diario Correo, el dato que mas me ha llamado la atención es un 1,4%. Este dato que parece insignificante se refiere a doscientos diez personas, aproximadamente, de los quince mil encuestados que creen que no cumplir las promesas electorales que hizo Alan García es motivo para desaprobar su gestión, los otros encuestados se refirieron a alza de costo de vida, la falta de trabajo, etc.

Pero ese 1,4 cobra importancia para mi ¿por qué? Porque para quienes hacemos política esta pequeña cifra significa toda una reingeniería en las formas en las que nos hemos venido conduciendo, qué quisieron decir esas doscientas diez personas, pues que hoy en política no importa lo que los políticos digan, la gente saben que les están mintiendo, hoy en política el floro ya no es suficiente. Para la población son más importantes las acciones que el gobierno hace o deja de hacer en su favor, para nosotros lo más importante debe ser nuestra práctica política.

Esta necesidad de la gente de ver a los políticos haciendo fue uno de los factores más importantes en la victoria electoral de Castañeda el 2002, las famosas escaleras solidarias que el mudito construyó junto a sus hijos y a la población más olvidada de los conos aquellos que viven en las invasiones. Claro que en esa acción primó el utilitarismo, las intenciones eran totalmente electorales y hoy esas poblaciones han sido olvidadas por el reelegido Castañeda, pero nosotros como izquierda ¿qué estamos haciendo para que esa población no sea utilizada y para sacar sus luchas del fuero eminentemente reivindicativo? , la autocrítica no es suficiente sin rectificación.

Lo que sí tengo claro es que como militantes izquierdistas, como parte de la vanguardia que aspiramos a construir ya no son suficientes los “pronunciamientos” a favor del paro, la toma, la huelga, el bloque, etc., etc., la gente tiene que vernos en el paro, en la toma, en la huelga, en el bloqueo, ya no es suficiente la representació n gremial o sindical, al pueblo tenemos que decirle: “mira, yo soy de izquierda, soy de patria roja, soy un maestro, un estudiante, un campesino, un abogado, un ingeniero (o lo que sea que seamos) estoy aquí en tú lucha”, camuflarnos tímidamente a través del frente no nos va a dar resultados, no nos da resultados. Es hora de asumirnos orgullosamente comunistas.

4 de julio de 2008

EL PODER...¿NACE DEL VOTO O DEL FUSIL?


SOBRE EL VIEJO DEBATE ENTRE REVOLUCIÓN Y REFORMA

Por Luis Gárate

En estos días en que en nuestro país vive jornadas como el moqueguazo, se prepara un paro nacional para el 9 de julio y las protestas sociales se reavivan en exigencia de una mejor distribución de la riqueza, el tema de las formas de lucha cobra gran vitalidad para los comunistas.

Se trata, cabe recordar, de una discusión que rondó en las filas del socialismo casi desde sus orígenes. Desde las importantes debates entre Carlos Marx y los anarquistas bakunianos a mediados del siglo XIX, pasando por la división entre los socialistas revolucionarios partidarios de Lenin frente a los reformistas seguidores de Bernstein en los primeros años del siglo XX, y luego en los debates entre las vertientes maoístas, las foquistas y las posiciones comunistas "oficiales" que defendían la coexistencia pacífica del PC soviético.

Para los partidarios de la visión marxista del socialismo, está claro que el rasgo revolucionario radica en primer lugar en la teoría. El análisis de la sociedad capitalista, sus contradicciones así como la alternativa a este sistema, es profundamente revolucionaria, pues Marx habla del paso de un tipo de sociedad a otra, un cambio que solo puede ser radical –entiéndase de raíz – ya que implica cambiar los cimientos mismos de la sociedad organizada en torno a la propiedad de los medios de producción.

Pero, cuando hablamos de un cambio radical, ¿hablamos solo de un cambio violento, un cambio por la vía de la insurrección armada? Frente a este interrogante, no faltan aquellos que acuden a la célebre frase de Marx, "la violencia es la partera de la historia" o "el poder nace del fusil" acuñada por Mao Tsetung.

Lo que hacen algunos es sacar de contexto las palabras, haciendo de ellas una mecanización de frases útiles para justificar sus aventuras teóricas y sus ímpetus de "dirigentes" en algún escenario de agitación.

Las formas de lucha, acercándonos a un análisis marxista, responden a la lucha de clases y a la correlación de fuerzas sociales y económicas en determinado período de desarrollo de la sociedad.

Retornamos de nuevo a la pregunta inicial, ¿el poder nace del voto o del fusil? ¿Existe, acaso, una absoluta contradicción entre ambas formas de lucha, la electoral y la armada?

La lucha política y social en la democracia capitalista adquiere diferentes formas, y en determinados escenarios deriva en la violencia. La violencia no es gratuita, y se explica cuando la formalidad institucional burguesa no canaliza ni resuelve las contradicciones entre las clases sociales.

El escenario internacional
Vale la pena revisar la situación de los movimientos que en el mundo y desde el socialismo levantaron la lucha armada como forma de alcanzar el poder en sus diferentes expresiones.

El caso más emblemático fue la Revolución rusa de octubre de 1917, que se dio en un escenario marcado por una monarquía zarista en debacle por involucrarse en la I Guerra Mundial, con la crisis en las filas militares rusas, y un gran vacío de poder, y por la participación de muchos actores revolucionarios. Sin duda la dirección política de Lenin y los bolcheviques en ese proceso fue decisiva en el curso de los acontecimientos y la victoria de una salida hacia la revolución socialista.

La victoria comunista en China fue el resultado de una guerra del campo a la ciudad prolongada y alimentada en la lucha campesina contra un régimen corrupto con remanentes feudales y luego, por la guerra nacional contra la invasión japonesa.

Las corrientes más radicales derivadas del maoísmo que se desplegaron en China en los años 60 y que tuvieron cierto eco en países como Camboya, acabaron en experimentos políticos que derivaron en el dogmatismo, el sectarismo y la violencia indiscriminada. (Revolución Cultural china, Khmer Rouge camboyano) y nutrieron en ideas a fenómenos como el senderismo en nuestro país.

La luchas guerrilleras en latinoamericana tuvieron su cúspide en 1959 con la victoria del movimiento liderado por Fidel y Che en Cuba, cuando contra todo pronóstico, este grupo con aspiraciones democráticas pudo vencer a un ejército regular y tras su victoria, iniciar la construcción del socialismo. Las guerrillas centroamericanas que se inspiraron en la victoria de la Revolución Cubana, provocaron guerras civiles e incluso lograron el poder, como el caso nicaragüense, pero luego y por la ofensiva imperialista esos procesos se resolvieron por acuerdos de paz y transiciones hacia la lucha política electoral como en Guatemala y el Salvador.

Las luchas por la liberación nacional en África y Asia también derivaron hacia procesos socialistas, como en el caso vietnamita, y en el caso africano hacia procesos de democratización, pero que luego se convirtieron en procesos estancados por la caída del bloque socialista, por problemas económicos y conflictos internos.

Hoy encontramos experiencias como las luchas del Partido Comunista- Maoista contra la monarquía retrograda en Nepal, o las luchas de reducidas fuerzas guerrilleras en México,

Otro ejemplo es la situación que vive Colombia. La experiencia desarrollada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC-EP) desplegada desde hace más de 40 años, es una muestra de cómo una fuerza revolucionaria desarrolla una lucha armada de largo aliento, pero se ve desgastada en el tiempo. Las FARC inician su accionar en la defensa de los intereses de los campesinos y el pueblo frente a una oligarquía intolerante, que luego se convierte en una fuerza guerrillera que lucha por el poder por la vía tanto militar como política, y que termina en una guerra de resistencia que solo parece tener solución en una salida política negociada.

Podríamos delinear como balance que la lucha insurreccional y armada se da en determinados escenarios, y ha prosperado donde se han agotado otras vías de lucha, en contextos con una precaria institucionalidad, vacíos de poder, en un entorno internacional convulsionado por grandes conflictos.

La experiencia peruana
En el Perú, tuvimos la experiencia de Sendero Luminoso y el MRTA, grupos que iniciaron la lucha armada a comienzos de los años 80, desde un maoísmo dogmático y una inspiración guevarista, respectivamente, y que provocaron una espiral de violencia y una brutal respuesta de los aparatos represivos del Estado, que utilizaron la ocasión para golpear a todo el movimiento popular y eliminar a miles de peruanos inocentes de las zonas andinas y amazónicas.

Las fuerzas que fueron a la lucha armada en los 80, iniciaron su accionar en un momento en que las clases dominantes así como las fuerzas populares salían de una dictadura militar, para disputar el control del estado con las reglas de juego de la democracia burguesa.

Una lección de la experiencia peruana es que las fuerzas insurrectas subestimaron el poder de las fuerzas armadas y policiales, que contaban con una estructura más sólida, una capacidad de fuego muy superior y el adiestramiento en la doctrina antisubversiva y guerra sucia de la CIA. Jugaron a la agudización de las contradicciones entre las población rural y marginal frente al Estado, especialmente en el caso de Sendero Luminoso, y terminaron poniendo al pueblo entre 2 fuegos: el de las fuerza represivas y el de las fuerzas insurreccionales.

El uso de la violencia y las armas se justifica plenamente en escenarios en los que las fuerzas revolucionarias y populares generan sus mecanismos de autodefensa frente a las clases dominantes, que no dudan en acudir a los aparatos represivos e incluso al paramilitarismo para consolidar su poder.

Sin embargo, en el escenario donde la democracia burguesa se respalda en las fuerzas armadas fuertes y se fortalecen las formas capitalistas de acumulación, crece la desigualdad en la distribución de la riqueza, se generan las condiciones para construir redes de coordinación de movimientos sociales que pueden dar un salto a la representación política. (Ejemplo, el caso boliviano).

En el caso peruano, donde subsisten las contradicciones de clases, junto a otras formas de exclusión, como el racismo; donde el Estado está en manos de una clase dominante sin proyecto nacional, cuenta sin embargo con el control de los aparatos represivos con alcance nacional, y el respaldo de un empresariado vinculado al capital transnacional. La tarea es acumular fuerzas en un frente popular para combatir a estas redes político-económicas clientelistas.

En un escenario de este tipo, con las grupos insurrectos totalmente derrotadas y aplastadas militarmente por las fuerzas armadas, con un repliegue de las fuerzas de izquierda del escenario electoral, pero por otro lado, con profundas grietas sociales y de clase, donde la violencia social debe ser canalizada, a los comunistas nos correspondería asumir un papel de liderazgo de esas fuerzas para encausarlas hacia una plataforma amplia, que conduzca a un proyecto de refundación nacional y que construya un nuevo estado con una participación más activa en la producción y nuestros recursos naturales.

Esta titánica tarea no puede ser asumida solamente por un foco guerrillero o un partido militarizado en las condiciones socioeconómicas y geográficas de nuestro país. Debe ser asumida por una estructura política y social mayor, que además, y es indispensable, esté vinculada al proyecto de cambio latinoamericano y a la lucha por revertir el orden global actual que afirma una mayor concentración del capital, y una ofensiva contra los trabajadores del mundo.

La Revolución Peruana puede tener sus características propias, y como lo muestra Venezuela, Bolivia y Ecuador, puede abrirse campo desde el escenario electoral. A los comunistas nos corresponde acumular y preparar la fuerza popular, que, sin caer en la deformación electorera, y desde la lucha reivindicativa y programática, se convierta en la alternativa de cambio real para nuestro pueblo.